El flamenco se aprende de oído, de compás y de tocar. Estos son los cuatro pasos que repetimos con cada alumno, del que nunca ha tocado al que ya acompaña al cante, adaptados según seas niño o adulto.
Antes de tocar, reconocer. Soleá, tangos, alegrías, tientos: cada palo tiene su aire y su acento. En las primeras clases escuchamos grabaciones y aprendemos a reconocer el compás con las palmas antes de tocar una sola nota.
Palmas y pie hasta que el 12 deje de contarse. Es la parte que más se salta y la que más importa: por ejemplo, en una soleá contamos y marcamos los acentos en el 3, 6, 8, 10 y 12 hasta que salen solos, sin pensar.
Pulgar, picado, alzapúa y arpegio se trabajan siempre dentro de una falseta real, no en ejercicios vacíos. Aprendes un arpegio porque lo necesitas para una falseta de alegrías concreta, no como calentamiento sin destino.
Acompañar al cante y al baile, y subirse a la muestra de fin de curso. El flamenco solo existe compartido: en cuanto el compás está firme, empiezas a tocar junto a otro alumno, con cante o con cajón, no solo solo.
Por eso en Al Toque, aunque empieces por la guitarra, es fácil sumar cante flamenco o cajón flamenco más adelante: el compás que ya llevas dentro es el mismo.